Necesidad de un régimen dietético en tiempos de COVID-19

Jorge Luis Betancourt MD. Msc., Juan Diego Maldonado MD. Msc., Mireya Esthela Bejarano MD. 

Abstract

La pandemia por COVID-19 ha puesto al mundo en una verdadera urgencia contra reloj dada la experiencia y características que se ha tenido de la misma en corto tiempo; la evidencia que se tiene hasta la actualidad sobre tratamientos efectivos es deficiente, al mismo tiempo se ha descuidado el terreno que abarca la nutrición, indispensable para mantener una salud óptima del sistema cardiovascular, respiratorio e inmunológico, mismos que han demostrado ser los órganos blanco mayormente afectados en la infección por el SARS-coV-2 y cuya alteración lleva a complicaciones graves. Hay evidencia que grupos nutricionales de inmuno-soporte, como: las vitaminas, minerales, probióticos y nutracéuticos, proveerían de una mayor resistencia al organismo para mejorar su respuesta ante las infecciones, incluso darle un carácter preventivo y optimizar la función de los principales sistemas corporales, que son mayormente afectados. La Dieta Mediterránea podría ser una excelente fuente de elementos nutritivos en tiempos de cuarentena y debería ser adoptado como un patrón dietético permanente.

 Palabras clave:

COVID-19, nutrición, inmuno-soporte, vitaminas, oligoelementos, probióticos, nutracéuticos, dieta mediterránea.

 

INTRODUCCIÓN

Actualmente no existe un régimen dietético que haya demostrado fehacientemente la posibilidad de disminuir el riesgo de infección por el SARS-coV-2 y sus complicaciones nefastas,  no obstante, contamos con evidencia robusta sobre ciertos elementos nutricionales, esto es: vitaminas, oligoelementos, probióticos y nutracéuticos que pueden proveer al organismo recursos que mejorarían la respuesta del sistema cardiovascular, respiratorio e inmunológico ante la infección, siempre y cuando se los adopte como parte de una dieta. [1]

Por este motivo, preservar el estado nutricional y prevenir o tratar la desnutrición y la malnutrición tiene el potencial de reducir las complicaciones y los resultados negativos en pacientes con riesgo nutricional que podrían padecer la infección por COVID-19. En particular, esta enfermedad puede ir acompañada de náuseas, vómitos y diarrea, lo que perjudica la ingesta y absorción de alimentos, por lo que un equilibrado estado nutricional es una ventaja. La nutrición es parte del régimen de tratamiento para enfermedades agudas y crónicas y se aplica particularmente a dolencias para las cuales aún no se ha descubierto una terapéutica eficaz.

DIMENSIÓN PSICOSOCIAL

Es necesario considerar las principales causas de mortalidad global asociada a las enfermedades cardiovasculares, respiratorias, a un sistema inmunológico deficiente (mayor en países de ingresos bajos) y la evidencia actual que sugiere un peor pronóstico de pacientes comórbidos (diabetes mellitus, hipertensión arterial, enfermedad coronaria, otros) hipoalbuminémicos y adultos mayores afectados por COVID-19, por lo cual gran parte de la población estaría en mayor riesgo [2], [3] Figura 1 y 2.

                          

  Figura 1. Estimación de Salud Global 2016: Muertes por causa, edad sexo, por país y por región.

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 Figura 2. Estimación de Salud Global 2016: Muertes por causa, edad, sexo, por país y por región.

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Como la cuarentena está asociada a la interrupción de la rutina de trabajo, esto podría resultar en aburrimiento, mismo que se asocia con una mayor ingesta de energía: grasas, carbohidratos y proteínas. [4] Durante la cuarentena, escuchar o leer continuamente sobre la pandemia sin interrupción puede ser estresante. En consecuencia, el estrés empuja a las personas a comer en exceso, principalmente buscando “alimentos reconfortantes” azucarados. [5] Este deseo de consumir un tipo específico de alimentos se define como “antojo de alimentos”, que es un concepto multidimensional que incluye procesos emocionales (deseo intenso de comer), conductuales (búsqueda de alimentos), cognitivos (pensamientos sobre alimentos) y fisiológicos (salivación). [6] La ansiedad por los carbohidratos y su consumo final alienta la producción de serotonina que a su vez tiene un efecto positivo en el estado de ánimo.

En cierto sentido, los alimentos ricos en carbohidratos pueden ser una forma de “automedicación antiestrés”. Este hábito de nutrición poco saludable podría aumentar el riesgo de desarrollar obesidad que, además de ser un estado crónico de inflamación, a menudo se complica por enfermedades cardíacas, diabetes y enfermedades pulmonares que han demostrado aumentar el riesgo de las complicaciones más graves de COVID-19 [7], de hecho, existe una alta prevalencia de obesidad en el síndrome respiratorio agudo severo (SARS-Cov-2) que requiere ventilación mecánica invasiva y sobre todo en el grupo con un IMC ≥35 kg / m2.[8] El estrés relacionado con la cuarentena también provoca trastornos del sueño que a su vez empeoran el estrés y aumentan la ingesta de alimentos, lo que da lugar a un círculo vicioso peligroso. En la tabla 1 se describirán conceptos básicos referentes a nutrición. 

NUTRICIÓN Y SUSCEPTIBILIDAD A COVID-19.

La dieta occidental, que tiene un alto contenido de ácidos grasos saturados, puede provocar la activación crónica del sistema inmune innato y la inhibición del sistema inmune adaptativo.

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Brevemente, el consumo excesivo de ácidos grasos saturados puede inducir un estado lipotóxico y activar el sistema inmune innato a través de la activación del receptor tipo Toll 4 expresado en macrófagos, células dendríticas y neutrófilos. Esto desencadena la activación de vías de señalización inflamatoria canónica que producen mediadores proinflamatorios y otros factores del sistema inmune innato [14]

Además, el consumo de una dieta alta de grasas saturadas en ratones aumentó la infiltración de macrófagos en el tejido pulmonar, específicamente en los alvéolos.[15] Esto es especialmente relevante para los pacientes con COVID-19 debido a la alta tasa de infección entre las células epiteliales alveolares pulmonares y la implicación de la inflamación del tejido pulmonar y el daño alveolar en la enfermedad. [16] Además de la inmunidad innata, el consumo de dieta occidental típica o alta en grasas saturadas inhibe la función de los linfocitos T y B en el sistema inmune adaptativo, potencialmente a través de un aumento en el estrés oxidativo.

Específicamente, el estrés oxidativo inducido por una dieta alta en grasas altera la proliferación y maduración de las células T y B, e induce la apoptosis de las células B, lo que contribuye a la inmunodepresión de las células B 12. Esto tiene implicaciones importantes en la defensa del huésped contra los virus. Anteriormente, los ratones alimentados con dieta alta en grasas mostraron una mayor patología pulmonar debido a la infección por influenza y una respuesta inmunitaria adaptativa retardada. Además, los ratones alimentados con dieta alta en grasas tienen déficits de células T de memoria contra la gripe, que se muestra por una respuesta alterada a la presentación de un antígeno y la eliminación del virus. [17]

Por lo tanto, el consumo de una dieta occidental típica deteriora significativamente la inmunidad adaptativa mientras aumenta la inmunidad innata, que conduce a la inflamación crónica y afecta gravemente la defensa del huésped contra los patógenos virales. Dado que las comunidades de ancianos y afroamericanos tienen una sensibilidad inherente mayor a los moduladores inflamatorios, el consumo de dietas poco saludables por parte de estos grupos podría presentar un riesgo ampliado de severa patología COVID-19. Además, los recuentos de células T y B también fueron significativamente menores en pacientes con COVID-19 grave [18], por lo tanto, podría haber una interacción potencial entre el consumo de una dieta occidental típica y COVID-19 en el deterioro de la inmunidad adaptativa.

Un estudio que involucró 18 países de 5 continentes y 135.355 pacientes demostró que un alto consumo de carbohidratos se asoció con un mayor riesgo de mortalidad total. [19] Por lo tanto, sería recomendable abstenerse de comer alimentos con alto contenido de grasas saturadas y azúcar y, en su lugar, consumir grandes cantidades de fibra, granos integrales, grasas insaturadas y antioxidantes para aumentar la función inmune. [20]

A continuación se detalla una lista de alimentos con efectos beneficiosos que abarcan de forma holística al individuo para una salud óptima, y sobre todo respecto a su sistema cardiovascular, respiratorio e inmunológico. Cabe destacar que lo indicado en la tabla representa una aproximación dietética que deberá ser tomada en cuenta únicamente como un estilo de vida nutricional y de ninguna forma tiene la intención de suplantar el tratamiento respectivo de acuerdo al estadio de la infección. Tabla 2

 

TABLA 2. Tabla de alimentos que contienen diferentes grupos de nutrientes que han demostrado mejorar la salud.

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La mayor parte de alimentos descritos anteriormente están incluidos en el patrón de la Dieta Mediterránea que podría representar un modelo nutricional saludable que se debería seguir en la cuarentena y adoptarla como un patrón dietético el resto de la vida.

PATRÓN DE DIETA MEDITERRÁNEA

El patrón de dieta mediterránea (DM) se caracteriza por un alto consumo de frutas y verduras, un consumo moderado de alcohol (fundamentalmente a expensas del vino), escaso o nulo consumo de grasas tipos trans, bajo o mínimo consumo de carnes rojas (porcino o vacuno) o procesadas y moderado-bajo consumo de carnes de ave, alto consumo de pescado (altos en omega-3,6,9), elevado consumo de legumbres, frutos secos y cereales (en España, fundamentalmente de pan y arroz; en Italia fundamentalmente de pasta y pan) que aportan hidratos de carbono  complejos de cadena larga y fibra, y bajo consumo de leche y moderado de derivados lácteos (queso, yogur). [49] Se ha demostrado que una dieta de tipo mediterránea ejerce un efecto preventivo hacia las enfermedades cardiovasculares, tanto en poblaciones mediterráneas como no mediterráneas disminuye el riesgo de diabetes y afecciones metabólicas.

También hay evidencia de un papel potencial de la dieta mediterránea en la prevención de ciertos tipos de cáncer. El papel de la DM en el peso corporal y otros resultados también ha sido investigado por un grupo italiano que observó que una puntuación alta de DM se asoció con valores más bajos de lípidos plasmáticos y hemoglobina glucosilada, presión arterial e índice de masa corporal en personas con diabetes tipo 2. Un nuevo campo de investigación ha demostrado que una mayor adherencia a la Dieta Mediterránea está asociada con un menor riesgo de trastornos mentales, que incluyen el deterioro cognitivo y la depresión. [50]

Finalmente, en la figura 3 una descripción detallada de la Dieta Mediterránea en forma de pirámide, editada por la Fundación Dieta Mediterránea, con sede en España. En su base denota la importancia de la hidratación y actividad física en convivencia [49]

  Figura 3. Pirámide de la Dieta Mediterránea.  

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CONCLUSIONES

  • Las causas de mortalidad global son similares a las causas que motivan un peor pronóstico de paciente afectados por COVID-19, por tanto se espera que una cantidad no despreciable de población se contagie o presente complicaciones.
  • Un patrón dietético saludable mejora la respuesta del sistema cardiovascular, respiratorio e inmunológico ante las infecciones.
  • Los ácidos grados saturados y carbohidratos (azúcares) en exceso, deprimen el sistema inmunológico y producen un estado proinflamatorio
  • Las vitaminas, oligoelementos, probióticos, nutracéuticos y otros elementos nutritivos proveen beneficios en la salud, tienen carácter preventivo y proporciona resistencia antes infecciones virales, incluso pueden disminuir el riesgo de infección por el virus.
  • Un buen equilibrio nutricional es un factor que beneficia de forma directa a la resistencia contra el estrés psicofísico y potencia una mejor capacidad adaptativa del sistema nervioso, la neuroplasticidad, mejorando la reactividad de los otros sistemas involucrados en la fisiopatología del estrés.
  • La obesidad, desnutrición, hipertensión arterial, diabetes mellitus, enfermedades pulmonares, enfermedad coronaria, principalmente en adultos mayores, son los grupos más afectados por la infección por COVID-19, es necesario trabajar en perfiles dietéticos en estos grupos.
  • La Dieta Mediterránea puede proveer elementos nutritivos de gran impacto en la salud de la población general y sobre todo en tiempos de cuarentena, sobre todo en grupos de riesgo.

 

 

 

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